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Mordida abierta - causas, tratamiento y cómo corregirla

Jesús Valladares 29 de junio de 2026
Ilustración de varios tipos de mordida dental, incluyendo una **mordida abierta** donde los dientes frontales no se tocan al cerrar la boca.

Índice

¿Te cuesta cortar los alimentos con los dientes delanteros o notas que queda un espacio al cerrar la boca? La mordida abierta es una maloclusión que puede afectar a la masticación, el habla y la estabilidad de la sonrisa, no solo a la estética. En este artículo explico cómo reconocerla, por qué aparece, qué pruebas hacen falta y qué tratamientos se valoran en niños, adolescentes y adultos.

Lo esencial para entender y tratar este problema de mordida

  • Qué es: los dientes superiores e inferiores no llegan a contactar al cerrar la boca.
  • Causas frecuentes: empuje lingual, succión prolongada, respiración oral y patrones de crecimiento.
  • Consecuencias: dificultad para morder, masticar, hablar o tragar, además de desgaste desigual.
  • Tratamiento: depende de la edad, el origen y la gravedad; puede incluir ortodoncia, logopedia o cirugía.
  • Estabilidad: corregir el hábito causante y usar retenedores resulta tan importante como cerrar el espacio.

Arcadas dentales con ortodoncia. Se observa una mordida abierta en los dientes frontales, con brackets y alambres de colores.

Qué significa y cómo reconocerla

Se produce cuando existe una falta de contacto vertical entre dientes antagonistas al cerrar la boca. Lo más habitual es que el problema se encuentre delante, de modo que los molares contactan pero queda un espacio entre los incisivos. También puede aparecer en los sectores posteriores, aunque es menos frecuente.

La señal más clara es que una persona no puede utilizar los dientes delanteros para cortar un bocadillo, una manzana o un trozo de pizza. Algunas personas también notan escape de aire al hablar, dificultad para cerrar los labios sin esfuerzo o una posición de la lengua demasiado adelantada.

No conviene valorar el problema solo mirando el tamaño del hueco. Para mí, lo importante es saber qué dientes no contactan, por qué ocurre y qué función está alterada. Un espacio pequeño puede requerir atención si sigue aumentando, mientras que una separación visible puede ser estable y no causar grandes molestias.

Por qué aparece en niños y adultos

El origen suele ser multifactorial. Hay casos principalmente dentales, en los que los dientes se inclinan o no erupcionan correctamente, y otros relacionados con los huesos maxilares y el patrón de crecimiento facial.

Hábitos que modifican la posición de los dientes

La interposición de la lengua durante la deglución o incluso en reposo puede ejercer una presión repetida sobre los incisivos. También pueden influir la succión del dedo, el uso prolongado del chupete y ciertos hábitos de mordisqueo, sobre todo cuando se mantienen durante la erupción de los dientes permanentes.

Corregir el hábito no significa regañar al niño ni colocar un aparato sin más. Primero hay que entender qué lo mantiene y, si es necesario, trabajar con un logopeda especializado en terapia miofuncional orofacial.

Respiración oral y crecimiento facial

La congestión nasal crónica, las alergias o el aumento de tejido adenoideo pueden favorecer una respiración por la boca. Al cambiar la postura de la cabeza, los labios y la lengua, también puede alterarse el equilibrio muscular que guía el desarrollo de las arcadas.

En adultos, además, pueden intervenir la genética, un patrón facial vertical, la pérdida de piezas, alteraciones en la erupción o una recaída después de un tratamiento anterior. Por eso no es razonable atribuir todos los casos a la lengua o al chupete. Las revisiones clínicas, incluida la evidencia de Cochrane, señalan que las causas son variadas y que la calidad de los estudios sobre algunos tratamientos infantiles sigue siendo limitada.

Qué problemas puede causar y cuándo consultar

El efecto más inmediato suele ser funcional. Si los incisivos no contactan, la persona compensa utilizando más los dientes posteriores, lo que puede generar masticación menos eficiente y un reparto desigual de las fuerzas.

  • Dificultad para cortar alimentos con los dientes anteriores.
  • Problemas de pronunciación de algunos sonidos.
  • Deglución atípica o empuje de la lengua contra los dientes.
  • Desgaste, sobrecarga o pequeñas fracturas en los molares.
  • Sequedad bucal y mayor acumulación de placa si existe respiración oral.
  • Incomodidad estética o dificultad para mantener los labios cerrados.

No todos estos signos aparecen a la vez. Yo recomendaría pedir una valoración ortodóncica si el espacio persiste cuando ya han erupcionado los dientes permanentes, si aumenta, si afecta al habla o la masticación, o si el niño mantiene un hábito de succión o una postura lingual anómala.

También conviene revisar antes la salud de las encías y los dientes. La ortodoncia sobre una boca con caries activas, inflamación gingival o higiene deficiente puede elevar el riesgo de complicaciones, así que alinear los dientes no debe ser el primer paso a cualquier precio.

Cómo se diagnostica correctamente

El diagnóstico comienza con una exploración en la que el ortodoncista observa la mordida con la boca cerrada y durante los movimientos de habla, deglución y masticación. También analiza la posición de la lengua, el cierre de los labios, la respiración y el crecimiento facial.

Según el caso, se solicitan fotografías, un escaneado intraoral o modelos, una radiografía panorámica y una telerradiografía lateral. Estas pruebas permiten diferenciar una alteración limitada a los dientes de un problema esquelético, es decir, relacionado con la posición o el crecimiento de los maxilares.

En un niño con respiración oral o congestión constante puede ser útil la valoración de otorrinolaringología. Si existe empuje lingual, deglución atípica o dificultades de pronunciación, la colaboración con logopedia suele mejorar el control de la función y las posibilidades de mantener el resultado.

Qué tratamientos se utilizan según cada caso

No existe un aparato universal. La elección depende de si el paciente aún está creciendo, de la amplitud del espacio, de la posición de los dientes y de la causa que lo provoca.

Situación Opciones habituales Qué condiciona el resultado
Niño en crecimiento con hábito oral Control del hábito, rejilla o recordatorio lingual y ortodoncia interceptiva Eliminar la causa y vigilar el crecimiento
Arcada estrecha o erupción alterada Expansión maxilar, guía de erupción y posterior alineación Diagnóstico preciso y momento adecuado
Adolescente o adulto con origen dental Brackets, alineadores y, en algunos casos, elásticos o anclaje temporal Control vertical y cumplimiento de las indicaciones
Alteración esquelética importante Ortodoncia combinada con cirugía ortognática Planificación entre ortodoncista y cirujano maxilofacial

Ortodoncia interceptiva en la infancia

Cuando el problema está relacionado con la succión, la lengua o un maxilar estrecho, actuar durante el crecimiento puede simplificar la corrección. Los aparatos interceptivos no sustituyen el cambio funcional, pero ayudan a impedir que el hábito siga desplazando los dientes.

La edad exacta no se decide solo por cumplir años. Depende de los dientes presentes, del crecimiento y de la causa. Esperar sin control hasta la adolescencia puede hacer más difícil la corrección, aunque tampoco tiene sentido iniciar un tratamiento complejo antes de saber si el hábito va a desaparecer.

Brackets, alineadores y anclaje temporal

Los brackets permiten aplicar fuerzas precisas y suelen ser una opción versátil en casos moderados o complejos. Los alineadores transparentes pueden funcionar en determinados casos dentales, especialmente cuando existe buen control del movimiento vertical y el paciente cumple el tiempo de uso indicado.

Yo sería prudente con las promesas de que cualquier caso se resuelve con alineadores. Si el problema depende de la posición de los maxilares, de una erupción complicada o de un hábito que sigue activo, un alineador por sí solo puede quedarse corto. Los miniimplantes de anclaje temporal también pueden ayudar a intruir molares, es decir, moverlos ligeramente hacia el hueso para facilitar el cierre anterior, siempre bajo control profesional.

Cuándo se plantea la cirugía

En una persona adulta con una discrepancia ósea marcada, la ortodoncia puede colocar los dientes, pero no cambiar por completo la posición de los maxilares. En esos casos se estudia una cirugía ortognática coordinada con ortodoncia antes y después de la intervención.

No es la primera opción para una separación dental leve. Se reserva para alteraciones esqueléticas relevantes, sobre todo cuando afectan a la función, al perfil facial o a la posibilidad de conseguir un contacto estable solo moviendo dientes.

La duración depende de la complejidad, pero la ortodoncia suele moverse dentro de un rango aproximado de 6 a 30 meses. Los casos con control vertical, hábitos persistentes o cirugía pueden situarse en la parte alta del intervalo y requieren una planificación individual.

Qué hace que la corrección se mantenga

La recaída es uno de los puntos que más se subestima. Si la lengua continúa empujando los incisivos, la respiración oral no se ha abordado o el crecimiento facial sigue activo, los dientes pueden volver a separarse aunque el tratamiento inicial haya sido técnicamente correcto.

La retención puede incluir férulas removibles, retenedores fijos o una combinación de ambos. El uso suele ser especialmente importante por la noche y debe seguir las indicaciones del ortodoncista, porque retener no es una fase opcional cuando existe tendencia a la recidiva.

También ayudan los controles periódicos, la higiene cuidadosa y el seguimiento de la función lingual. En España, la AEMPS recuerda que los productos sanitarios sujetos a prescripción no deben venderse directamente al público por correspondencia o vía telemática. En la práctica, esto refuerza una idea sencilla: no empezaría un tratamiento a distancia sin exploraciones, radiografías cuando estén indicadas y revisiones presenciales.

La mejor decisión empieza por encontrar la causa

Una separación entre los dientes al cerrar la boca merece una valoración completa, pero no siempre implica un tratamiento largo ni cirugía. La solución más predecible combina diagnóstico, control del hábito, corrección ortodóncica y retención adaptados a cada persona.

Si afecta a un niño, conviene consultar antes de que termine el crecimiento. En adultos también puede corregirse, aunque el plan debe distinguir con claridad qué puede lograrse moviendo dientes y qué requiere actuar sobre los maxilares. Esa diferencia es la que evita falsas expectativas y protege la estabilidad de la sonrisa.

Este artículo tiene un carácter exclusivamente informativo y educativo. El material se ha elaborado con el apoyo de modernas herramientas analíticas y lingüísticas (IA). Antes de tomar una decisión, consulte a un experto.

Preguntas frecuentes

La señal más clara es que los dientes delanteros no contactan al cerrar la boca, lo que dificulta cortar alimentos como una manzana o un bocadillo. Conviene pedir una valoración si el espacio persiste tras la erupción de los dientes permanentes, aumenta, afecta al habla o la masticación, o existe succión prolongada y una postura lingual anómala.

El empuje de la lengua durante la deglución o en reposo, la succión del dedo, el uso prolongado del chupete y algunos hábitos de mordisqueo pueden desplazar los dientes. La congestión nasal crónica, las alergias y el aumento del tejido adenoideo también pueden favorecer la respiración oral y alterar el equilibrio muscular de la boca.

El ortodoncista examina la mordida con la boca cerrada y durante el habla, la deglución y la masticación, además de valorar la lengua, los labios, la respiración y el crecimiento facial. Según el caso, puede solicitar fotografías, escaneado intraoral o modelos, radiografía panorámica y telerradiografía lateral para distinguir un problema dental de uno esquelético.

En niños pueden utilizarse control del hábito, rejillas o recordatorios linguales, ortodoncia interceptiva y expansión maxilar. En adolescentes y adultos se consideran brackets, alineadores, elásticos o miniimplantes de anclaje temporal cuando el origen es dental; si existe una discrepancia ósea importante, puede ser necesaria una cirugía ortognática combinada con ortodoncia.

La ortodoncia suele durar aproximadamente entre 6 y 30 meses, según la complejidad, los hábitos y la necesidad de cirugía. Para mantener el resultado pueden emplearse férulas removibles, retenedores fijos o ambos, junto con controles periódicos y tratamiento de la función lingual o la respiración oral cuando sea necesario.

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mordida abierta
respiración oral
hábitos orales
terapia miofuncional
cirugía ortognática
Autor Jesús Valladares
Jesús Valladares
Mi nombre es Jesús Valladares y mi trayectoria en el mundo de la salud dental, la ortodoncia y la estética abarca ya 4 años. Desde que empecé a profundizar en estos temas, me fascinó la capacidad que tenemos para mejorar la calidad de vida de las personas a través de una sonrisa cuidada y saludable. Me dedico a desgranar conceptos complejos sobre ortodoncia e Invisalign, buscando siempre la forma más clara y accesible para que todos puedan entender las opciones disponibles y cómo pueden beneficiarse de ellas. Mi objetivo es ofrecer información rigurosa, contrastada y siempre actualizada, para que cada lectura en ortodoncia-invisalign.es sea útil y aporte un valor real a tu comprensión de la salud bucodental y las soluciones estéticas.

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